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Sexo, humor y machismo.

ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE LA CAMAPAÑA PARA LA RETIRADA DEL GALARDÓN DE “INFLUENCER DEL AÑO” A JORGE CREMADES. FIRMA AQUÍ.


José Ángel Lozoya Gómez es Miembro del colectivo “Hombres contra las violencias machistas”

Sexo, humor y machismo forman una combinación letal que se usa con frecuencia como canal de expresión para la apología más brutal y explícita de la violencia sexual. Violencia que suele mostrar la relación de poder del macho depredador contra personas más vulnerables.

Donald Trump, presidente electo de EE.UU., aseguraba en una grabación que se hizo pública en la campaña electoral que “las comienzo a besar, es como un imán, no puedo ni esperar […] y cuando eres una estrella te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras […] agarrarlas por el coño. Puedes hacer de todo”.

Roberto Fantuzzi, presidente de la Asociación de Exportadores de Manufactura de Chile, es conocido por comparar a las mujeres con la economía porque ambas deben ser “estimuladas” para activarse, y por regalar en un acto público una muñeca inflable al ministro chileno de Economía Luis Felipe Céspedes.

Manuel Muñoz Molina, vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla, se abalanza sobre la dirigente de Podemos Teresa Rodríguez, de visita en la institución, para taparle la boca y darle un beso fingido.

Jorge Cremades, joven alicantino, es famoso por sus videos cómicos que promueven roles de género y comportamientos sexistas, llegando en algunos a incitar a la violación de forma explícita. A pesar de ello, el pasado 1 de diciembre Los40 le entregó el galardón de «Influencer del año» durante la celebración de sus “Music Awards”.

Buena parte de la población coincide con Freud al sospechar que todo chiste disfraza parte de lo que queremos decir o hacer; así pueden expresarse no pocos deseos de forma que, al resultar menos directos, logran reducir el rechazo que se pretende evitar. Por eso en todos estos episodios se ha producido un movimiento de protesta que ha obligado a sus protagonistas a tratar de mitigar sus efectos.

Aun así los protagonistas tienen algunas cosas en común: se trata de hombres heterosexuales que se justifican en una falta de intencionalidad misógina, que consideran desmesuradas las críticas y que piden perdón si es que alguien ha
podido sentirse ofendido/a, pero entienden que sus palabras y sus actos han sido sacados de contexto para convertirlos en víctimas de juicios de intención inexistentes en su ánimo, y que las críticas de las que han sido objeto no habrían tenido lugar si la gente tuviera un poco más de sentido del humor.

Y la excusa cuela. Hasta donde yo sé a ninguno de ellos los ha dejado su pareja ni sus amigos. Ni Trump dejó de ser elegido presidente, ni Fantuzzi o Muñoz han visto disminuir la cartera de pedidos de sus empresas (faltaría más, qué tendrá que ver lo uno con lo otro), ni me consta que Cremades haya perdido a sus más de 7 millones de seguidores/as —entre Facebook e Instagram— o los más de 350.000 suscriptores/as en YouTube.

La gente parece tan ajena a la trascendencia de estos episodios que las pasadas navidades contribuí a difundir una frase que circulaba por las redes; la frase me hizo gracia y muestra mejor que cualquier argumento nuestra conciencia sobre el estado de ánimo del personal: «Amigas feministas, recuerden que es nuestro deber arruinar las cenas familiares con nuestras opiniones. Buena suerte, camaradas.»

No obstante, ni las fiestas ni la pasividad cómplice de esa parte de la opinión pública acostumbrada a mirar para otro lado han impedido que un grupo de amigos sensibilizados contra las violencias machistas consideráramos pertinente hacer un llamamiento, a través de change.org, para lograr el máximo de firmas posibles con las que exigir a Los40 y al Grupo PRISA que “Retiren el premio de «Influencer del año» a Jorge Cremades”.

Se trata de una acción modesta frente al rearme del machismo más rancio que he descrito más arriba; una iniciativa que difícilmente logrará movilizar a tanta gente como la que le sigue en las redes sociales, pero que aspira a conseguir las suficientes firmas como para que él tenga que ser más cuidadoso en el futuro y para que tanto Los40 como el Grupo PRISA tengan que reconsiderar su decisión.
No nos interesa tanto valorar la calidad de su humor como nos molesta la omnipresencia del machismo y el sexismo en sus vídeos y la incitación explícita a la violación en algunos de ellos (“Cómo llevarte una chica a la cama”, “¿Vas borracha y estás sola?” ). Nos repugna que se atreva a afirmar en una entrevista, no sé si a modo de broma, que “hay más violaciones a hombres que a mujeres”; nos repugna que contribuya a naturalizar prácticas como la violación a través de un discurso aparentemente inocente de guerra de sexos, en un país que este año va a superar los 100 asesinatos de mujeres por violencias machistas, y donde una mujer es violada cada 8 horas.

Necesitamos que cajas de resonancia como Los40 busquen y promuevan referentes alternativos que se posicionen a favor de la Igualdad y que, en el caso de ser hombres, representen modelos que no sean violentos ni machistas.

La iniciativa ya ha logrado más de 7.500 firmas que esperamos multiplicar en los próximos días, si los hombres que comparten nuestro punto de vista rompen su silencio frente a las violencias machistas y apoyan la lucha que lideran los feminismos para construir un futuro compartido en el que no haga falta tener que ir de valiente para sentirse libre.

Sevilla, diciembre de 2016

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Guía básica para dejar de ser machista

*Artículo publicado originalmente en el diario El País el 12/10/2016 – VER EN SU WEB


Poco se ha avanzado desde que, hace algo más de 10 años, el premio Nobel José Saramago lanzara un desafío contra la violencia machista: que los hombres convocaran una manifestación contra esta lacra que cuesta la vida a más de medio centenar de mujeres cada año solo en España. Un grupo andaluz aceptó el reto y creó un foro masculino por la igualdad que, una década después de la primera movilización, ha convocado otra para el próximo 21 de octubre a las siete de la tarde en la Puerta de Jerez de Sevilla. La primera pretendía romper el silencio. Ahora el objetivo es involucrarlos definitivamente en la consecución de una sociedad igualitaria. Esta es una guía básica de la plataforma para ser un hombre:

Reconoce la existencia de privilegios. Como en toda patología, y el machismo es una social, el primer paso es admitir la existencia de la enfermedad. José Ángel Lozoya, educador sexual y monitor de los primeros talleres institucionales para hombres, que organizó el Ayuntamiento de Jerez, explica que los privilegios masculinos existen en todos los ámbitos (familiar, sexual, laboral y en cualquier organización) y que estos, más evidentes para quien los sufre, ocultan un nivel de violencia. “Hay muchos hombres que se sienten ajenos a este problema“, advierte el presidente de la fundación Iniciativa Social, Hilario Sáez, en un vídeo de Enfoque Crítico realizado para la convocatoria.

Sé consecuente y actúa. No basta con ser consciente de la existencia de la desigualdad. Es necesario “reparar” la situación, “transformar la reflexión en acción”, destaca Lozoya, quien aboga por eliminar esos privilegios en los ámbitos donde reconozcamos su existencia. “No te pongas las pilas, ponte el delantal”, reclama el educador.

No consientas. De poco sirve el esfuerzo individual si no se traslada al entorno. No se trata solo de denunciar casos evidentes de violencia, sino también de recriminar actitudes machistas, desde comportamientos habituales hasta chistes o conversaciones. “¿Quién no ha escuchado a amigos y conocidos bromear con las declaraciones de Trump [el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos]?”, se lamenta Lozoya.

No busques excusas. La primera reacción de quien se beneficia de un privilegio es justificarlo. El foro lo traslada a modo de ejemplo al ámbito más doméstico y detalla cómo muchos hombres excusan su falta de colaboración en el hogar en que no les han enseñado.

Habla con ellos. El mensaje no va dirigido a las mujeres, sino a los hombres, que obvian las cuestiones de igualdad en sus temas habituales de conversación. Lozoya relata cómo organizó un taller con hombres seleccionados por tener capacidades sociales reconocidas y les puso una condición: “No se puede hablar ni de política ni de fútbol ni de tías”. De los 17 que comenzaron solo quedaron seis. Los demás no sabían de qué hablar.

Cariño y ternura. Son las características del mundo que reclama Benito Zambrano, el cineasta andaluz que participa en el foro. “Los hombres hemos pisoteado el corazón que ponen las mujeres“, resume en el vídeo de la convocatoria.

Ventajas

El reto es convencer a los hombres de que la supresión de sus privilegios solo conlleva ventajas. El profesor de Derecho Constitucional Octavio Salazar: “Una sociedad igualitaria es más justa, más pacífica y aporta mayor bienestar”. “Beneficia en todo”, añade Lozoya, quien concreta algunos aspectos más tangibles, que van desde la prostitución hasta la sexualidad.

El educador sostiene que una de las consecuencias de una sociedad no igualitaria es que se favorece la prostitución y advierte que cada vez más jóvenes están recurriendo a ella, síntoma evidente de que el machismo se mantiene en las nuevas generaciones.

Añade que una sociedad igualitaria enseña a negociar en todos los ámbitos y que favorece una responsabilidad económica compartida o poder disfrutar más de la crianza de los hijos. También beneficia en la sexualidad. “En una relación desigual, un hombre tiende a examinarse. ¿A quién le gusta un examen?”, concluye.

LA CIUDAD ES MACHISTA

La sociedad desigual está presente en todos los aspectos de la vida, incluso en el urbanismo. Desplazarse al trabajo, hacer las compras, llevar a los niños al colegio y otras numerosas actividades se desarrollan en ámbitos espaciales y físicos que han sido conformados por arquitectos “sin considerar actividades cotidianas realizadas por mujeres” y provocando que supongan dificultades. Esta es la premisa de las primeras Jornadas de Movilidad, Espacio Público y Género organizadas este jueves por el Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción, de la Universidad de Sevilla, junto a otras entidades.

José Ángel Lozoya comparte la percepción. Señala que no se facilita el acceso de las mujeres a muchos servicios públicos que necesitan, que los parques son inhóspitos a partir de determinadas horas o que están desapareciendo elementos tan básicos como urinarios públicos.

A lo largo de este día 13, un grupo de expertas desarrollarán en la Escuela de Arquitectura de Sevilla ponencias sobre experiencias, proyectos de investigación e iniciativas colectivas sobre la necesidad de cambiar y mirar la ciudad desde una perspectiva de género más inclusiva.

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Contra el silencio masculino por Octavio Salazar

Hoy queremos compartir con ustedes el artículo que publicó el compañero Octavio Salazar el pasado día 30/09/2016: Contra el silencio masculino. Octavio plantea algunas cuestiones a la sociedad para repensar algunas realidades de la participación en movimientos de justicia social y el logro real y efectivo de la equidad de género.

Y nos anima a participar en cuantas actividades podamos alrededor de la fecha del #21O.

Mustread / lectura obligada oiga.

Contra el silencio masculino

Hace diez años, el lúcido y comprometido José Saramago lo advirtió con clarividencia: mientras que los hombres no nos rebelemos contra el machismo y las violencias que genera, las mujeres continuarán siendo las subordiscriminadas, las más vulnerables, las principales víctimas de todos los conflictos. En esta década algunos (nunca somos muchos, me temo) hemos seguido al compañero Saramago, han ido surgiendo iniciativas marcadas por la búsqueda de una nueva masculinidad, han aumentado en los medios la presencia de hombres que ya no tienen reparo en calificarse como feministas y en asumir el género como categoría sin la que no es posible entender las relaciones sociales.

En estos años se han consolidado asociaciones como AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género), diversas redes y foros de hombres por la igualdad y, poco a poco, también algunos ámbitos científicos; y en menor medida, los estrictamente políticos han ido asumiendo que los hombres también tenemos género. Incluso hemos conseguido vencer las iniciales y lógicas reticencias de muchas mujeres feministas que nos contemplaron con desconfianza y que pensaron que perseguíamos ocupar su espacio y liderar lo que solo a ellas les corresponde.

all oppression is connected

Sin embargo, lo que pensábamos que era un proceso imparable ha sufrido en los últimos años un más que preocupante retroceso, lo cual demuestra que en materia de igualdad nunca debemos bajar la guardia. Con el pretexto de la crisis económica, las políticas igualitarias han pasado a un segundo plano, cuando no han desaparecido, lo cual a su vez ha abonado el terreno para que las posiciones machistas de siempre y las neomachistas de ahora se sientan legitimadas. De esta manera, la perversa alianza entre patriarcado y neoliberalismo está reforzando el sistema sexo/género y, en consecuencia, los privilegios masculinos y la paralela vulnerabilidad de las mujeres.

En este contexto es más necesario y urgente que nunca que los hombres abandonemos la cómoda posición que nos otorgan los dividendos patriarcales y que nos rebelemos contra los códigos de silencio que alimentan al monstruo. Es decir, hemos llegado a un punto de inflexión en el que no basta con una actitud pasiva y políticamente correcta —“los machistas son los otros, no yo”—, sino que se impone un doble compromiso a los hombres que de verdad nos sentimos interpelados por la igualdad, o lo que es lo mismo, por la verdadera democracia. Todos hemos de implicarnos en un proceso personal de cambio que destierre de nuestras vidas y de nuestro entorno los hábitos patriarcales, de manera que vayamos construyendo un nuevo modelo de masculinidad que prescinda al fin de los atributos que históricamente nos han hecho omnipotentes.

Además, debemos abandonar los silencios cómplices y la tranquilidad que otorga contemplar las desigualdades ajenas desde los púlpitos que nos sitúan por encima de todas las cosas. Ello supone ser militantes contra todas las discriminaciones por razón de género, dejar de ser parte de una fratría acogedora de los machismos cotidianos y, por supuesto, abrazar el feminismo como propuesta ética emancipadora y como proyecto de vida desde que el alumbrar un nuevo pacto entre mujeres y hombres.

De todo ello se hablará en las jornadas que se van a celebrar en Sevilla los próximos 20, 21 y 22 de octubre (Hombres contra las violencias machistas), y cuyo eje será una gran manifestación que recordará la celebrada hace 10 años, que pondrá el foco sobre la necesidad de que los hombres nos hagamos feministas y que con ese arsenal de propuestas éticas iniciemos la urgente revolución que este mundo necesita. Todo ello, insisto, sin ocupar el espacio que por derecho y por justicia corresponde a nuestras compañeras, y desde la complicidad que supone no querer ser los protagonistas de la película sino acompañantes solidarios de todas las que todavía hoy deben luchar para que se reconozca su igual y diferente humanidad. Nos va la vida, y la democracia, en ello.

Puedes encontrar muchos textos más de Octavio en su blog Las horas y conversar con él desde cualquiera de sus perfiles en redes:

 

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“Minoría de hombres, minoría de mujeres” Miguel Lorente Acosta

Artículo extraído del blog de Miguel Lorente

Una minoría de hombres, aquellos que maltratan y matan a las mujeres, son argumento para que el resto de los hombres no haga nada contra la violencia de género bajo la idea de que la mayoría de los hombres no son maltratadores y, de ese modo, dejar el problema social reducido a una cuestión de “unos pocos”. En cambio, una minoría aún más baja de mujeres, aquellas que agreden a hombres en las relaciones de pareja o denuncian una violencia que no ha existido (0’014%, según FGE), sí sirve de argumento para cuestionar toda la realidad de la violencia de género y sus consecuencias. Unas consecuencias tan objetivas que suponen que el 30% de las mujeres sufran violencia por parte de sus parejas o exparejas (OMS, 2013), y que cada año unas 50.000 mujeres sean asesinadas por hombres en el seno de esas relaciones de pareja (Naciones Unidas, 2013); cifras que implican que cada 10 minutos una mujer es asesinada por violencia de género, o lo que es lo mismo, que cada 10 minutos un hombre asesina a la mujer con la que comparte o ha compartido una relación de pareja.

Al final dos interpretaciones opuestas llevan a un mismo resultado bajo la voz del machismo: una minoría de hombres y una minoría de mujeres coinciden como razón para no hacer nada contra la violencia de género.

Que la mayoría de los hombres no sean narcotraficantes, mafiosos o terroristas, en cambio, no es argumento para que no se luche contra el narcotráfico, las mafias o el terrorismo, ni para que los hombres muestren su rechazo a esas violencias que llevan a cabo “unos pocos” y pidan más medidas y recursos para combatirlas.

La pasividad de los hombres y la distancia que toman frente a la violencia de género y la desigualdad bajo el revestimiento de una aparente neutralidad, es una de las partes esenciales del problema, porque, además, es la misma neutralidad y distancia que adoptan la mayoría de las instituciones al estar dirigidas o presididas por hombres; unos hombres que son machistas de nacimiento, de palabra, obra u omisión.

No se puede no ser machista sin haber dejado de serlo, puesto que la identidad masculina y la socialización de los hombres se hace a partir de las referencias que la cultura de la desigualdad, es decir, el machismo, ha puesto a su alcance para que además de ser hombres desde el punto de vista biológico, lleguen a serlo desde el punto de vista social y cultural. Nadie deja de ser machista sólo por enunciarlo, lo mismo que no se es médico, abogado o jugador de fútbol por decirlo. Para logar esos objetivos en el ser y en el no ser hay que adquirir el conocimiento, la experiencia y las referencias que caracterizan y definen cada uno de esos estados. Y para no ser machista los hombres tienen que desprenderse de todas aquellas ideas, valores, creencias, mitos, prejuicios, valores… que constituyen la identidad masculina, y que se manifiestan en multitud de ocasiones y circunstancias que el propio machismo ha considerado normales, para que de ese modo continúen reforzando la desigualdad que da privilegios a los hombres sin levantar crítica alguna; más bien lo contrario, los reivindican como hombres al ser reconocidos como tales en las conductas. Es una normalidad que sólo se cuestiona desde la distancia, cuando ya es tarde y ha sido sustituida por otros mensajes que no levantan crítica, pero siguen reforzando al machismo. Un ejemplo cercano de esta situación lo tenemos en los sketch de humor o en los anuncios de televisión de hace unos años, que ahora nos parecen “machistas” cuando por aquel entonces nos parecían “normales” y hasta graciosos. Y a pesar de esta experiencia, en el momento actual ocurre una situación similar, y ahora encontramos elementos propios del machismo en diferentes ámbitos que sólo son criticados por quienes se acercan a ellos con una perspectiva de género, pero dentro de unos años la mayoría que ahora calla rechazará como expresión del machismo.

Y todo ello ocurre porque la “minoría” de mujeres feministas y la “aún mayor minoría” de los hombres que trabajan por la Igualdad, van concienciando a la sociedad ante la pasividad y neutralidad de la mayoría de los hombres. Pero también ante su silencio frente a los hombres que directamente toman la palabra para continuar alimentando el odio hacia las mujeres al responsabilizarlas de todos los males, presentándolas “en mayoría” como autoras de un delito de denuncias falsas para dañar a los hombres, o como responsables de los suicidios de los masculinos. Todo es poco para esos hombres con tal de que el odio hacia las mujeres siga siendo mucho.

Esa es la miseria del posmachismo, jugar con las circunstancias creadas por el propio machismo para que la pasividad y distancia al problema de la violencia de género haga que todo siga igual, es decir, con violencia y asesinatos hacia las mujeres. Para el machismo lo único que importa es mantener los privilegios que, eso sí, disfrutan la mayoría de los hombres, tanto los maltratadores como los que dicen ser neutrales.

Los machistas actúan en nombre de todos los hombres, si quienes no comparten esas posiciones y conductas no se desmarcan de ellos y los critican, continuarán con los argumentos de ahora y la violencia de siempre. Y lo seguirán haciendo en nombre de todos los hombres, no en el de cada uno de los maltratadores.

No hay neutralidad frente a la violencia de género, o se hace algo para acabar con ella o se está haciendo para que continúe.

 

* El 21 de octubre se celebra en Sevilla una marcha de los grupos de “Hombres por la Igualdad”, y se conmemora el décimo aniversario de aquella primera manifestación en la que muchos hombres abandonaron el silencio y la pasividad, para trabajar y comprometerse con la Igualdad y contra las imposiciones del machismo. Os esperamos. http://wp.me/pvw9K-qM

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“Entre todos las matamos” José Ángel Lozoya

José Ángel Lozoya Gómez
Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad 

A veces sospecho que me estoy quedando sin argumentos. Que estoy dejando de creer en las promesas y hasta en las palabras. Que la posibilidad de que dejen de matar a mujeres hombres que un día dijeron amarlas es una quimera.

No soy de natural conformista y nunca he sido de esos fatalistas que aseguran que no hay nada nuevo bajo el sol, que siempre ha habido ricos y pobres y que siempre los habrá, del mismo modo que guerras o racismo. No hace tantos años llegué incluso a creer que al menos en nuestro país la igualdad entre los sexos se atisbaba en el horizonte y que el machismo se encontraba en franca retirada.
La igualdad era el discurso social hegemónico, las leyes que la promovían se aprobaban por unanimidad, las mujeres destacaban en lo académico y se incorporaban al mercado de trabajo garantizando sus ansias de autonomía. Los hombres aceptaban estos cambios con naturalidad y era más fácil observar sus resistencias en su falta de iniciativa, en el modo en que las dejaban hacer en público o en cómo se escaqueaban en lo doméstico, que en su defensa de los discursos conservadores.
Tal era el optimismo que interpretábamos el incremento de las denuncias por violencia de género como el resultado del aumento de la sensibilidad ante un fenómeno en retroceso que llevaba a las víctimas a denunciarlo en cuanto mostraba sus primeros síntomas. Cada año crecían los recursos para proteger a las víctimas, se empezó a formar a quienes las acompañaban en el proceso (policías, jueces) e incluso a intervenir psicopedagógicamente con algunos victimarios. Al rechazo social a los ejecutores de maltrato se unía una protección efectiva de las víctimas que buscaba ayudarlas a cortar con los lazos de dependencia económica y emocional que las hacían volver con los agresores, y la presencia creciente de hombres en las manifestaciones cuestionaba el silencio cómplice en el que se apoyaban los agresores para justificar culturalmente su comportamiento con las mujeres.

Las críticas contra la Ley de violencia de género hablaban de sus insuficiencias, de que al limitar su aplicación a la violencia en las parejas heterosexuales parecía cuestionar el carácter de género del resto de las violencias machistas contra las mujeres (el acoso sexual, la violación, el asesinato…), de no hablar de las violencias que sufren los colectivos LGTB.
Hablo de una época en la que predominó la idea de que bastaba con que la acción política denunciara los privilegios masculinos, al tiempo que empoderaba a las mujeres, para que la sororidad entre estas y el aislamiento de los hombres más refractarios nos fuera llevando a un contrato social más igualitario. Una época en que la unanimidad lograda en torno a la Ley contra la violencia de género creó la sensación de que la lucha por la igualdad y contra las violencias machista había dejado de tener color político y nos hizo confundir la crisis de legitimidad del machismo con el principio del fin de su derrota, subestimando su capacidad de adaptación.
Hubo voces, apenas escuchadas, que sin cuestionar que lo prioritario era acabar con las desigualdades que sufren las mujeres, alertaban de lo injusto y peligroso que era olvidar a los hombres, de lo importante que era apoyarlos en el cambio que se les exigía para transformar su desconfianza en conciencia de los beneficios universales de la igualdad. Se ignoró el temor, no siempre consciente, de muchos hombres que creen que lo que busca el feminismo es invertir las relaciones de poder entre los sexos, y fue un error creer que se puede posponer indefinidamente el abordaje de la violencia de género que sufren los niños en su proceso de socialización para que sean homófobos, repriman sus emociones, se expongan a riesgos innecesarios, usen la violencia en la resolución de los conflictos… No se vio que al incorporar los problemas de los hombres a las políticas de igualdad no se pretende igualar sus problemas a los de las mujeres, ni supone un reparto de los recursos, sino que busca que vean que se cuenta con ellos en el diseño del futuro en igualdad que propone el feminismo. Que lo que se precisa es combatir las resistencias de los hombres, animándoles a que abandonen sus privilegios, a que dejen de soportar el precio que pagan por los mismos y a que vean la necesidad de deconstruir las masculinidades.
Después, la Crisis acabó con muchos espejismos; primero fue la supresión del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha y la del Ministerio de Igualdad, a las que siguieron los recortes del Gobierno del PP que dieron paso a un discurso neo- y post- machista que, haciendo bandera de la igualdad efectiva frente a las medidas de discriminación positiva, logró ponernos a la defensiva.
Faltan recursos para apoyar a unas víctimas sobre las que se ha extendido la sospecha de las denuncias falsas, pese a que la mitad de las que resultan asesinadas lo son pese a haber denunciado su situación, sin que nadie, ni jueces ni delegaciones de gobierno, asuman ninguna responsabilidad por dejarlas desprotegidas. Se trata de un retroceso de consecuencias incalculables.
Hartas ya de estar hartas, las feministas convocaron el 7N de 2015 a cientos de miles de personas que recorrieron las calles de Madrid para exigir una lucha sin cuartel contra las violencias machistas. El 21 de octubre de 2006 celebramos en Sevilla la primera manifestación de hombres contra la violencia machista para acabar con el silencio cómplice de la mayoría, y en el tiempo transcurrido se ha avanzado mucho en este terreno, pero el número de las asesinadas no desciende y la experiencia de los países más igualitarios nos demuestra que no va a descender si no logramos una implicación más activa y consciente de los hombres.
Por eso, el próximo 21 de octubre, diez años después de aquella primera manifestación, hemos vuelto a convocar en Sevilla a hombres de todo el Estado para demostrar que, a pesar de todo, somos muchos los que vemos que el machismo es violencia. Aspiramos a ser muchos, pero nuestro éxito será lograr que quienes no acudan se sientan con la necesidad de justificar su ausencia.

Sevilla, septiembre de 2016